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Para Destapar el Regalo de Dios


Antes de comenzar la meditación haz una lista de los dones que te corresponderían, según el número que tengas en Regalo de Dios. Si puedes memorizarlos, mejor.

Has lo indicado en bases para una meditación, una vez que estés completamente relajado, imagínate que vas por un sendero rodeado de la naturaleza, este camino te lleva hacia una cabaña en el bosque. Llegas y tocas a la puerta. Un Ser de Luz te abre y te invita a pasar.

Se dirigen a la sala y te sientas. El lugar es acogedor y sientes una gran paz, sientes el amor que te da este Ser de Luz, ves cómo te sonríe, sientes una comunicación interna con Él. Ves a tu alrededor y en la pequeña mesa de la sala ves un gran regalo. Lo miras y Él se acerca, lo toma y te lo da.

Sientes la alegría de recibirlo, comienzas a destaparlo, ya destapado pones la caja en la mesita y comienzas a sacar uno a uno los dones que te corresponden. Sientes que ya eres eso y das las gracias en cada uno.

Una vez que termines, el Ser de Luz te abraza y te bendice, te acompaña hasta la puerta y te despide. Tú recorres el camino de regreso sintiéndote feliz.

Poco a poco, en el camino de regreso, ve sintiendo tu cuerpo comenzando por los pies, vuelve al aquí y ahora lentamente.

Nunca termines una meditación de golpe, ve desperezándote poco a poco y al final estira todo tu cuerpo. Si quieres permanecer más tiempo y disfrutar del momento, está bien.

Da gracias y empieza a utilizar tu regalo, verás que todo será más fácil.


Bases para una Meditación

Procura que nadie te moleste, escoge un lugar tranquilo. Enciende una vela y un incienso, pon música suave y siéntate o acuéstate confortablemente. Si haces esto último, procura no dormirte.

Pide asistencia Divina, pide a tu Yo Interno que te guíe en esta meditación. Pide al Ser de Luz de tu preferencia que te acompañe y proteja. También invoca a tu Ángel Guardián.

Comienza a respirar lentamente y poniendo tu atención únicamente en la respiración. Respira y expira llevando tu atención hacia tus pies y relajándolos, continúa con tus tobillos, tus pantorrillas, tus rodillas, tus muslos, tus caderas, tu abdomen, tu cintura, tu estómago, tu pecho, tus hombros, tus manos, tus brazos, tu garganta, tu cuello, tu mandíbula, tu cara, tu boca, tus mejillas, tus ojos, tus cejas, tu frente, tu cuero cabelludo.

Una vez que hayas recorrido todo tu cuerpo, éste deberá estar relajado y estarás en un nivel de conciencia que te permitirá trabajar distintas meditaciones.

En este momento, imagina que una luz plateada que viene de la Fuente Divina entra por tu coronilla. Recorre esta luz por todo tu cuerpo y ve como va desbloqueando toda la energía estancada, llévala por último a tu plexo solar. Ahora imagina que desde el centro de la tierra, te llega una energía dorada que entra por las plantas de tus pies, haz que esta luz recorra todo tu cuerpo, moviendo la energía estancada que haya quedado y júntala con la luz planeada que depositaste en tu plexo solar. Haz que las dos se mezclen y llévalas hacia tu frente y sácalas de tu cuerpo, cubriéndote completamente con ellas.

Ahora estás listo para hacer la meditación que hayas programado. Aquí puedes hacer lo que te sugiero en la sección de Salud.

Al finalizar tu meditación, recoge toda la luz que te rodea, introdúcela por donde la sacaste y llévala a tu cabeza, sácala por la coronilla y mantenla ahí como un sol que te ilumina.

Comienza a sentir tus pies y ve recorriendo todo tu cuerpo. No salgas abruptamente del estado en que te encuentras. Ve recorriendo todo tu cuerpo y desperézate. Una vez que vueltas al aquí y el ahora, abre los ojos y da gracias por este viaje maravilloso que has realizado.


Recordando al Niño Interior

Todos tenemos dentro un niño, al cual por lo general no reconocemos y dejamos abandonado. Este niño, para que le hagamos caso, suele boicotearnos y por eso mucho de lo que hacemos nos sale mal.

Debemos ponernos en contacto con él, y ver en que estado se encuentra. Tal vez esté temeroso, o tal vez herido, así es que recordemos nuestra infancia y veamos qué es lo que nos afecta. Una vez que lo sepamos reparemos el daño.

Vamos a hacer un ejercicio. Busca una foto de cuando eras niño y mírala. ¿Qué recuerdos te trae? Eras feliz, estabas triste, tenías miedo, eras valiente.























Tal vez vengan varios recuerdos, apúntalos y analízalos uno por uno. Vive nuevamente la situación y después reconstrúyela de la forma en que hubieras querido que fuera. Dile a tu niño que todo está bien, que fue parte de tu crecimiento y que lo quieres mucho. Llévalo a tu corazón y dile que siempre estará seguro.

Haz este ejercicio con todos los recuerdos desagradables que tengas. Si tienes recuerdos felices, disfrútalos y dile a tu niño que así es la vida, alegría, felicidad, amor.

Si en tus recuerdos te llega alguno en el que sientas rencor hacia tus padres, haz el siguiente ejercicio:

Imagínate a tu papa también de niño, mira lo indefenso que está. También está asustado, está triste. Acércate a él y abrázalo, dile que todo está bien que todo es parte de la evolución, que le perdonas lo que te haya hecho ya que él también pasó por muchas cosas y no tuvo el control de lo que le enseñaron y sabes que siempre quiso lo mejor para ti. Hazlo chiquito y ponlo en tu corazón, dile que ahí estará seguro.

Haz lo mismo con tu mamá.

Ahora tú eres mayor y tienes el control. Si tienes hijos pequeños trátalos como hubieras querido que te trataran a ti. Involúcrate en sus vidas y aprende de ellos.